Los tejados rojizos que salpican nuestros paisajes no solo protegen del clima: narran historias de esfuerzo, migración y tradiciones que han moldeado nuestra identidad durante siglos. En Elorrio, la tejería Solatsu es testigo silencioso de cómo el barro, el fuego y las manos trabajadoras –tantas veces forasteras– contribuyeron a construir templos y caseríos, enseñándonos que la verdadera riqueza no siempre reside en la piedra tallada o el oro, sino en los materiales y oficios cotidianos que sostienen una comunidad.
Barro con vocación sagrada
La historia de Solatsu se remonta, al menos, al siglo XVII, cuando la iglesia de San Agustín de Elorrio encargó su construcción. Quería asegurarse el suministro de material de calidad en la reforma de su tejado y otras obras religiosas. Así nació una tejera singular, directamente gestionada al principio por la iglesia, y más tarde por una cooperativa formada por 52 familias locales, que consiguieron su propiedad en el siglo XVIII tras una acción judicial pionera. Solatsu mantuvo su actividad hasta la Guerra Civil, suministrando tejas y ladrillos tanto a la parroquia como al resto del pueblo.
Oficio y milagro cotidiano: trabajadores de lejos
El antiguo arte de fabricar tejas era duro, sucio y poco prestigioso, “el de tejero es un oficio vil e indigno”. Por ello, muchos trabajadores de las tejerías vascas procedían de fuera, sobre todo de Iparralde y Asturias. Estos tejeros migrantes, a menudo organizados en cuadrillas o familias, llegaban con la temporada, vivían junto a los hornos y después regresaban a su tierra de origen.
Además, desarrollaron una jerga gremial propia, la xiriga, para comunicarse de forma segura entre ellos. El esfuerzo colectivo se traducía en largas jornadas moldeando barro, secando piezas al sol y cargando hornos de leña, todo para dar vida a un material con más importancia de la que parecía.
La teja en la cultura vasca: más que protección
Las tejas han ido mucho más allá del mero resguardo frente a las inclemencias del tiempo en la cultura vasca. Servían para marcar la propiedad agraria: los trozos de teja eran utilizados como hitos en los límites de las tierras. Existía una costumbre según la cual las mujeres, tras el parto, no debían salir de casa durante cuarenta días; si debían hacerlo antes, lo hacían con una teja sobre la cabeza, símbolo de que aún estaban bajo la protección del hogar. Incluso estaba prohibido a los pastores cubrir sus txabolas con tejas, ya que solo los propietarios legítimos podían hacerlo.
Los tejados representaban arraigo, identidad y estatus, y aún hoy su diseño curvo y rojizo define el perfil de la arquitectura tradicional vasca. ¿Quién no conoce hasta donde llegan las goteras de Bermeo? Su presencia en la lengua, los apellidos y la toponimia, Telleria, demuestra la huella profunda de este oficio en la memoria colectiva.
Solatsu hoy: silenciosa, pero elocuente
Solatsu Telleria, restaurada tras años de trabajo, se ha reinventado como centro de interpretación y memoria. Sus hornos mudos y las herramientas antiguas hablan de una historia olvidada pero esencial. La visita a Solatsu permite descubrir no solo el proceso artesanal, sino también valorar el legado de los trabajadores migrantes y la importancia simbólica y práctica de la teja en Euskadi.
Otras recomendaciones en la zona:
- Descubre el patrimonio de la villa de Elorrio. Puedes apuntarte a alguna de la visitas guiadas que organiza la Oficina de Turismo o a través de una visita autoguiada
- La Necrópolis de Argiñeta muestra un conjunto de sepulturas y estelas funerarias de la Alta Edad Media (entre los siglos VII y IX)
- Paseo a los pies de Anboto por la Vía Verde de Arratzola
- En el barrio de Gerediaga de Abadiño se ubica el antíguo punto de reunión de las Juntas de la Merindad de Durango, actual Casa de Juntas.
Solatsu Telleria
Bo San Agustin 50, Elorrio
634 73 52 92
info@solatsu.com
solatsu.com
Transporte público / Garraio publikoa:
- Bizkaibus A3911, A3923
- Lurraldebus DG02, DO03




